Alimentando al bebé

Alimentando al bebé
Foto: bebe.elembarazo

La lactancia materna es la mejor para el niño y la madre. Proporciona el alimento que el bebé necesita, además de una serie de defensas naturales que le protegen frente a ciertas enfermedades y reacciones alérgicas.

Cuanto antes le ofrezcas el pecho a tu bebé después del nacimiento, antes él aprenderá a mamar y antes te "subirá" la leche.

Los primeros días la leche es más "clara" (calostro) y es la que le conviene a tu hijo. Por lo general los bebés no necesitan que se les ofrezca agua, salvo quizás en los meses más calurosos.

Los recién nacidos tienen el estómago muy pequeñito, por lo tanto la cantidad de leche que les cabe es también pequeña. Los intervalos entre las tomas deben ser los que su cuerpo exija y en ocasiones, el bebé no se queda satisfecho después de mamar un largo rato. Esto puede pasar porque no mama bien: si succiona solo el pezón no sacará mucho. Hay que procurar que la areola del pecho también esté dentro de su boca.

El eructo no es obligatorio, pero la mayoría de los bebés se sienten mejor después. Para ayudarles, podemos incorporarlos apoyándolos sobre nuestro hombro, o bien ponerlos boca abajo encima de nuestras rodillas y les damos palmaditas en la espalda.

Algunas de las señales que indican que está “listo para alimentarse” es por ejemplo, si se lame repetidamente los labios, el movimiento de la lengua o el parpadeo de los ojos. El llanto es una señal tardía del hambre.

Háblale a tu bebé con suavidad mientras le das de comer, para ayudarlo a reconocer tu voz y asociarte con la alimentación.

Muchos bebés regurgitan después de mamar o de tomarse el biberón. Es algo normal. No hay razón para preocuparse, pues no suele ser mucha cantidad.

Hay bebés que se duermen mamando. Probablemente no tengan mucha hambre o aún estaban medio dormidos. En este caso, basta con mover un poquito el pezón para que despierten y sigan chupando.

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